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Crear desde la periferia. Creer que no hay esperanza y trabajar como si la hubiera

Un fragmento de mi historia, especialmente en estos últimos años, con sus fracasos y sus recientes éxitos.

32 min de lectura

Mi escritorio de trabajo con el computador en el que edito video
Mi setup de trabajo, 2026

Renuncié como si tuviera el privilegio

En junio de 2023 renuncié a un trabajo como editor de video que me pagaba $2.500.000 COP. Renuncié como si tuviera el privilegio para hacerlo, porque quienes vinimos al mundo sin nada no podemos darnos el lujo de soltar lo que nos sostiene económicamente para perseguir un sueño. A mí me aterraba sentirme solo y quebrado, pero más me aterraba que ese miedo me dejara incapaz de perseguir lo que realmente quería. Sentía que estaba viviendo mi vida a través del deber: estudiar dos carreras, cosa que no le recomiendo a nadie, menos si es pobre, y trabajar. Y saberme metido en esa rutina, con un sueño grande por el que no estaba haciendo nada, me lastimaba a diario.

Así, pasé los siguientes meses de mi vida desempleado, en las pocas baldosas de la habitación de la casa de mis padres, en el calor infernal de Santa Marta, en un contexto en el que ellos tampoco tenían trabajo y subsistían del rebusque de un puesto de venta de cerveza que habíamos montado en la casa. No sé cómo sorteé las carencias económicas, las incertidumbres y los golpes a la autoestima de esas fechas. Podría decirse que renuncié para dejar de esperar, pero terminé esperando más. ¿Cuánto más? Yo no lo sabía.

Era poco lo que tenía claro. Entendía que quería crear una empresa de base tecnológica que mejorara la educación, la lectura y la manera cómo se comparte el conocimiento, pero lo que tenía en mi borrador mental era un innecesario Wattpad. Por eso es que en la edición impresa de mi novela Cansancio y libertad (2022) hallamos uno de los primeros logos de Gurwi, como supuesta editorial responsable.

Portada completa de Cansancio y libertad, con el logo de Gurwi impreso abajo en la contraportada
Cansancio y libertad, edición impresa de 2022

Independientemente de eso, si mi objetivo era crear empresa, entonces primero tenía que aprender cómo funciona una. Fue así como gasté seis meses encerrado en mi pieza aprendiendo derecho societario nacional, contabilidad y cómo está construido nuestro sistema tributario. Y para capitalizar ese tiempo decidí, con mis ínfulas quijotescas de siempre, que iba a crear el mejor curso de creación de empresa en Colombia, uno que hiciera el trabajo que las horribles cámaras de comercio no harían.

Las cámaras de comercio

En Colombia las cámaras de comercio son entidades privadas, presuntamente sin ánimo de lucro, que realizan funciones públicas y que desde 1931 llevan el registro mercantil, y “a cambio” cobran la matrícula que todo comerciante está obligado a pagar. Son 58, se reparten el país por jurisdicciones, así que uno no elige la suya sino que le toca la que le corresponda por donde viva.

Mi animadversión hacia las cámaras de comercio comienza, en realidad, un diciembre, cuando mi padre, un hombre sin dinero, es extorsionado por celular por un presunto miembro de un grupo paramilitar. Mi papá da lo que puede, que es un millón de pesos; mi mamá se pone de los nervios, y a los días lo vuelven a extorsionar. En nuestra ingenuidad caímos la primera vez hasta que entendimos que no eran miembros de ninguna Autodefensa Gaitanista de la Sierra, sino criminales comunes, probablemente desde la cárcel, con las bases de datos de las cámaras de comercio, las cuales ellos comercializan. Es común ver que en Colombia una persona constituya una empresa y a los pocos días sea llamado a ser extorsionado, con un criminal que parece ser serio, al tener la dirección del domicilio de uno, que uno le entregó a la cámara de comercio.

Después de esa anécdota ya tenía unos fundamentos de reticencia con los cuales sentirme aún más molesto al entender que a las cámaras de comercio, en general, solo les preocupaba que el emprendedor o empresario renovara su matrícula mercantil, y que en todo lo demás que implicaba la legalidad lo dejaban en el limbo, expuesto a los colmillos de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales. También al entender que, como los políticos, les gusta aparentar que hacen algo sin hacer nada y que muchas son famiempresas.

Si nos ponemos a pensarlo, demasiadas personas en instituciones de autoridad repiten esa idea de la importancia de la formalidad de manera muy irresponsable. Porque ser formal en un país de gobiernos de derecha que, por alguna razón, crearon un sistema tributario antiempresarial, ser formal sin ser consciente de cuánto dinero, trabajo y requisitos se necesitan cumplir para no ser herido por el mismo sistema, puede ser la peor decisión a tomar. Y eso es triste, porque dejamos a los emprendedores sin la separación patrimonial que ofrece una persona jurídica y, por tanto, sin la posibilidad de recibir inversión que llegue a empresas colombianas y no a empresas extranjeras creadas por colombianos, como fue nuestro caso con Gurwi LLC cuando ganamos la Shipaton en octubre de 2025.

Mi tercer gran fracaso

En enero de 2024 comencé con la publicación del curso, el cual me tomaría un par de meses más en terminar, e incluso publiqué gratis en YouTube una hora entera para que cualquiera comprobara la calidad antes de pagar.

En toda su historia, el curso apenas ha generado unos $1.300 dólares, por lo que claramente fue un rotundo fracaso económico. Sí, las personas que lo tomaron lo amaron y me entregaron gigantescas palabras de admiración y agradecimiento, pero las palabras no sirven para hacerse de una vida que se aleje de la subsistencia. Por lo que con ese curso acumulé mi tercer gran fracaso. Durante una tercera vez la vida volvió a decirme que esa idea revolucionaria que tenía, que iba a causar un gran impacto, en realidad no cambiaría nada en el mundo.

Yo de niño, en el uniforme del colegio
Yo en séptimo grado en Riohacha, colegio Divina Pastora

El contexto importante que se tiene que tener sobre mí es que fui tartamudo y no pronuncié la “r” durante dieciséis años de mi vida. Provengo de una familia de clase baja-media de la Costa Caribe de Colombia, y la mala educación que recibí puede resumirse en que mi profesora de español no sabía lo que era una sangría. Y como fui muy tímido y crecí sintiéndome insuficiente y con el miedo de que los otros me hicieran daño, pasé mi infancia y juventud temprana en mi cuarto en Riohacha editando videos y persiguiendo una carrera de youtuber de anime. Me alegra mucho haber dejado ese camino y para los dieciséis haber decidido, por el bonito libro Breve historia del mundo de Ernst Gombrich, que lo que quería era leer y aprender cuanto pudiera, porque definitivamente yo era alguien muy ignorante.

De esta manera, recuerdo cómo he llegado a invertir mi tiempo en cosas por las que tuve una aspiración que no resolvió lo que uno con más urgencia tiene que resolver si nació siendo pobre, que es su economía.

La primera fue cuando me obsesioné con hacer música moderna que tuviera letra y me volví un gran productor musical, experto en Ableton, procesamiento de voz y sintetizadores. Hice temas que, según quién los escuche, son destacables, pero entendí que la industria musical era una de la menos meritocrática de las industrias, así que no había nada que pudiera hacer.

La segunda fue con mi novela Cansancio y libertad. Comencé a escribir también por una tesis sobre el mundo y el cómo deberían ser las cosas. Noté que como latinoamericanos no tenemos acceso a historias sobre nuestra juventud, y yo me sentía mal y perdido, así que quise escribir una en la que los personajes vivieran en el mundo de subdesarrollo que yo vivo y en el que hablaran y sintieran como mis contemporáneos, no como unos anglosajones. Y que esas historias no existan tampoco es casualidad, porque el mercado editorial en español está en manos de unos pocos grupos internacionales que deciden qué se publica y qué no, y porque a organizaciones como la Feria del Libro de Bogotá y la Cámara Colombiana del Libro les interesa poco promover autores nacionales nuevos, algo que ya había denunciado antes por ser un reflejo más del centralismo de este país. Del resultado me siento inmensamente orgulloso y creo que es uno de los trofeos personales más lindos que se pueden tener, y más hoy donde nunca volveremos a estar seguros de si algo lo escribió un humano o la inteligencia artificial. Pero, de nuevo, eso no resolvió mis problemas económicos y por tanto siguió deteriorando mi autoestima, porque entre más altas son las expectativas que uno tiene sobre algo, más fuertes se sienten las caídas.

Con el curso fue igual. Un problema y una intención noble de mi parte: que cualquier persona como yo, sin contactos, sin familia con historial empresarial, pudiera entender los embrollos de todo este sistema. Y que yo usara todas mis capacidades pedagógicas y audiovisuales para crear un curso que fuera fácil de entender y muy entretenido de mirar.

Así que yo era en 2024 un joven de 22 años, cansado, agotado, flaco, sin hobbies, que no había disfrutado su vida ni sabía cómo disfrutarla, porque lo único que había hecho era trabajar porque creía en el ciclo de los condenados a la vida costeña, que describe su novela, y creía que de ese ciclo la única manera noble de intentar escapar era trabajando muchísimo, más allá de lo humano.

El Duolingo para todo

Pero entonces el curso me reveló algo: si grabar y editar me había resultado tan difícil y dispendioso, el ahorro que supondría una plataforma visual e interactiva, basada en texto, sería enorme: se eliminarían los costos de ponerse frente a una cámara, grabar y editar.

Y lo primero en lo que pensé entonces no fue ni en Duolingo ni en Encarta (no fui tan afortunado de saber antes de estos pensamientos qué fue Encarta, lo vine a saber cuando los más viejos en los comentarios de mis videos me dijeron que el proyecto se los recordaba). Pensé fue en las colecciones de libros que había leído durante mi periodo lector: Para principiantes, de la editorial argentina Era Naciente; Para Dummies; 50 cosas que hay que saber sobre, entre varias otras. Mi premisa era: las editoriales crean colecciones de libros atractivas para facilitar entender ciertos temas, pero no existe ninguna aplicación que haya pretendido usar la tecnología para seguir ese mismo principio. Y con estas ideas fue que vino luego la comparación obvia: ser el Duolingo para todo.

Así, sin saber mucho de programación, ni ser bueno en diseño, hice un prototipo horrible en Figma, y publiqué el primer video anunciando lo que quería que fuera Gurwi. Mi discurso de esos entonces se resumía en: la aplicación móvil para crear una Colombia con más educación y menos chirretismo.

El video alcanzó más de 250.000 visitas, 40.000 me gustas y más de 500 comentarios de gente expresando amor por el proyecto y demostrando que valía la pena que existiera una app que enseñara lo que el colegio enseña, que no termina de bastar, y lo que no enseña y es importante para la vida adulta.

Un joven ejemplo

El video fue tan exitoso que lo vio el Ministro de las TIC de esos entonces, Mauricio Lizcano, y compartió un post en el que extendió sus felicitaciones. A esa publicación reaccioné, pidiéndole ayuda. El ministro respondió el post y pidió que le escribiera, pero nunca respondió.

El ministro escribió:

Interesante App @camilopenalver Un joven ejemplo de lo que queremos lograr en Colombia con nuestra formación digital gratuita del @Ministerio_TIC ¡Éxitos con Gurwi!

Mauricio Lizcano, 15 de mayo de 2024

Teníamos entonces 3 situaciones:

  1. Un funcionario público que usó la ambigüedad discursiva para asociar un proyecto independiente con un liderazgo de su ministerio, una manera de confundir dándose créditos.
  2. Un funcionario público que ve “un joven ejemplar” y decide “dejarlo a su suerte”. ¿De qué sirven las palabras si no llevan a acciones? ¡De las palabras no se come!
  3. Un funcionario que luego escribe “Camilo, claro que sí. Escríbeme por favor al interno para que hablemos sobre esta gran iniciativa y conocer a qué área te puedo direccionar” y luego no contesta.

Tuve mis escrúpulos sobre si era lo correcto o no hablar del tema públicamente y maximizarlo, pero decidí hacerlo y grabar un nuevo video comentando el caso. Y claro que las personas se sintieron identificadas y se molestaron con Lizcano, al que insultaron con todos los peyorativos, e hicieron que este contestara.

Aquel video superó las 100.000 visualizaciones en TikTok y las 50.000 en X, y el ministro volvió a contactarme. Esta vez me remitió con alguien de su Ministerio, María Lucía Flórez Jiménez. Reunión virtual, porque para qué llevarme ellos a Bogotá, a los aparecidos como uno no se les trata tan bien. La reunión quedó en revisar qué se podía hacer, y en la segunda reunión la conclusión fue que nada, y que iban a quedar en mandarme convocatorias de mierda del MinTIC, de esas que hacen en Colombia para dar capacitaciones, impartidas por los amigos de alguien con poder allí, que no sirven para nada.

Los diez millones que llegaron de un desconocido

En redes sociales seguí compartiendo mi proceso creando la app, la cual tomaría bastante tiempo en ser terminada. Hacer video no era algo cómodo para mí. Si uno está haciendo algo grande que requiere concentración, es poco el tiempo disponible para grabarse y editarse.

En uno de esos videos conté mi presentación al Fondo Emprender del SENA. El Fondo Emprender es la única convocatoria nacional pública que ofrece capital no reembolsable para emprender. El resto de convocatorias son de formación con expertos probablemente sin capacidad de asesorar todos los tipos de negocios existentes. Pero el Fondo Emprender tenía un pequeño defecto, que era la gigantesca corrupción del SENA, la cual incluso había denunciado antes, en un video que tuvo más de 1 millón de visualizaciones, pero que no llevó a nada en la práctica.

Aquel único video en el que me cuento postulándome al Fondo Emprender fue especialmente relevante, no porque haya alcanzado unas 128.000 visualizaciones y siguiera contribuyendo a que la idea de Gurwi persistiera en la mente de las personas, sino porque condujo a que un colombiano en el exterior le llamara la atención y quisiera hablarme. Este colombiano, que es CEO de una empresa de tecnología en un país nórdico, tras escribirme en Instagram y hablar conmigo 30 minutos en una llamada, decidió darme 10 millones de pesos colombianos para seguir con el proyecto.

En Colombia las condiciones son tan miserables que a uno le tomaría un montón de papeleo y trabajo ganar una convocatoria artística por la misma cantidad, y siempre con la posibilidad de que esta estuviera amañada. Y lo digo porque justo eso fue lo que gané con mucho papeleo cuando fui elegido en la categoría de novela inédita en el FODCA, una convocatoria de la Secretaría de Cultura de mi ciudad, para publicar mi novela Cansancio y libertad, así que mi agradecimiento con él fue intensamente gigantesco, especialmente por lo grande de mis carencias económicas.

Eso sucedió en septiembre de 2024. Y faltaría casi un año para que en agosto de 2025 Gurwi fuera publicado por primera vez, pero yo no lo sabía.

Pasé muchas carencias.

Jonnier

Gurwi comencé a desarrollarlo en FlutterFlow, una plataforma low-code para crear aplicaciones móviles, que permite hacerlo desde una interfaz gráfica y crear código Flutter/Dart para extender sus capacidades. Una plataforma que hoy debe enfrentar problemas porque la IA se volvió tan buena programando que arrastrar elementos y rellenar formularios para crear software hoy es un cuello de botella.

En ese camino conocí a Jonnier Martínez, un pelado de Palmira, Valle del Cauca, en esos entonces de 19 años, con historia familiar de pobreza como yo, que se sumó a trabajar conmigo a cambio de un porcentaje. Muchas personas llegaron a escribirme, y siguen llegando, ofreciéndome su ayuda en calidad de desarrolladores, pero mi premisa es que los seres humanos somos complicados y pueden obstaculizar las cosas más que facilitarlas, e iniciar procesos de reclamación de autoría que me quitarían libertad sobre el proyecto.

Con Jonnier nada de eso ha sucedido, por lo que puedo decir que Jonnier fue la mejor elección, y gracias a esa buena e importante elección obtuve la ayuda y los conocimientos de alguien que llevaba más tiempo programando que yo. Yo solo había aprendido algo de Dart y de Flutter antes de intentar hacer la app, leyendo un par de libros, tras enfrentar una mala experiencia con JavaScript.

El computador en el que estudiaba Dart
El computador en el que estudiaba Dart, 2021

Las tres convocatorias que perdí

Pero recordemos que no tenía trabajo, así que necesitaba plata. Intenté presentarme a tres convocatorias, con lo difícil que es postularse a algo mientras construyes producto y grabas videos para redes sociales. En ninguna quedé. El patrón común es que todas eran nacionales.

La primera fue Desafío Creadores, que fue de junio a septiembre de 2024, la convocatoria nacional de la Iniciativa por los Jóvenes de Nestlé. Había que subir un pitch de un minuto a Instagram etiquetando a @jovenesnestlecol. De más de 600 proyectos postulados pasaban 50 a formación con la Universidad EAN, siete a la final y tres se llevaban $80 millones cada uno. Mi proyecto no quedó. Y eso que mi video fue el más visto de toda la convocatoria, por mucho: más de 60.000 visualizaciones y 6.000 me gusta, cuando los demás participantes apenas superaban las 5.000 visualizaciones.

La segunda fue la del Fondo Emprender del SENA en septiembre de 2024, que rechazó mi continuidad en el programa tras el primer pitch. La razón que dio uno de los jurados fue que este era un proyecto tecnológico y que en el pasado habían tenido proyectos tecnológicos que no cumplieron. Es decir, mi propuesta fue juzgada por los errores de otras personas, y el criterio del Fondo Emprender del Magdalena terminó siendo que no valía la pena apostarle a la tecnología. Cuando a uno le dicen que no en los pitchs del Fondo Emprender, puede volver a presentarse. El problema es que nunca me notificaron para hacerlo. Pregunté dos veces por correo y la respuesta fue que no había nuevas convocatorias de pitchs abiertas. Fui otras dos veces en persona y fue igual.

La tercera fue el Programa de Estímulos para las Culturas, las Artes y los Saberes 500+ Santa Marta 2024, sucesor del FODCA bajo el gobierno de Carlos Pinedo. La abrió el lunes 16 de septiembre de 2024 el Secretario de Cultura, Darío José Linero Mejía, y la cerró el 1 de octubre. Dos semanas para que el sector cultural de la ciudad se jugara $1.398 millones repartidos en 91 estímulos de hasta $20 millones cada uno. Un desastre de implementación: plazos mínimos, confusión sobre cómo entregar los documentos y, al final, resultados notificados por correo sin rúbrica de calificación y sin una línea de justificación. Nadie supo con qué criterio se evaluó un solo proyecto. Ningún medio hizo bulla.

Además de estas tres convocatorias, hubo dos peticiones de ayuda que recuerdo. La primera fue a Carlos José Jaramillo Ríos, en esos entonces Secretario de Desarrollo Económico y Competitividad de Santa Marta, quien amablemente accedió a hablarme, gracias a que un conocido me lo presentó, cuando el proyecto estaba en fases muy tempranas y ya había pasado lo del Ministro de las TIC. Él quedó de mandarme todas las convocatorias que viera, pero no me mandó ninguna. Y mientras tanto se la pasaba en sus redes sociales hablando de apoyar el emprendimiento, la innovación y a los jóvenes en Santa Marta, siendo muy conocedor de que había un emprendedor, innovador y joven de primer nivel con quien había hablado y por el que no se interesó en hacer nada.

Otra petición de ayuda fue a Andrés Bilbao, parte del equipo fundacional de Rappi. La primera vez que lo vi fue en un evento de la Cámara de Comercio de Santa Marta, al que asistí. Él se presentó en realidad virtual, y yo me había preparado pensando que iba a estar presencial, pero no. Después de haber visto muchas de sus entrevistas, en ese entonces él era mucho más amable con el asunto de la desigualdad, aunque luego, en sus videos, pareció expresar que la desentendía por completo. Y ahí me paré impetuoso, micrófono en mano, a decirle que yo era ese tipo de locos que hablan de que pueden lograr grandes cosas, etcétera. Frente al auditorio me mandó a que le escribiera por LinkedIn, y cuando le escribí pagué premium para poder hacerlo. No contestó. Y estaba bien. A las personas como él todo el tiempo les tratan de hacer pitchs, y cada quien decide a quién le contesta y a quién no, mientras no esté realizando una función pública, como Lizcano o Jaramillo, todo bien.

Meses después, ya con la Shipaton ganada, volví a tener unos segundos de conversación con él. Los Bilbao, que en ese entonces querían sacar 30X, dieron una charla sobre cómo aplicar a YC y abrieron un espacio de preguntas. Al final hablé por unos diez segundos, describiendo mi caso y que no sabía cómo conseguir más recomendaciones para YC, que solo creía que podía haber una sola persona que me pudiera recomendar. Con eso reaccionó supremamente agresivo. Comenzó diciéndome: “Camilo, ¿tú quieres que te hable con la verdad o que te hable bonito?”

Con esa actitud trillada de coach gringo, de alguien que cree que tiene que maltratar a la gente para quedar bien, y que sabe que puede hacerlo porque es alguien con poder, y que sabe también que la gente es tolerante con quien tiene poder. El asunto terminó en que le escribiera por LinkedIn, que esta vez me respondería, y no me contestó.

Pero lo verdaderamente interesante no es eso, sino que cuando semanas después vio que el importante periodista Julio Sánchez Cristo me dedicó un video, me escribió por Instagram pidiéndome hablar con alguien de su equipo. Creí que tenía algo en mente para mí, pero la llamada fue una de ventas: la persona quería venderme uno de sus cursos, de unos $3.500 dólares más o menos, en el que uno paga por ser regañado.

Se podrá suponer entonces lo mal que me sentí en 2024, con un sueño más grande que yo y sin plata, solo la necesidad de seguir trabajando para poder comprobar si las cosas funcionan, aunque la manera en que trabajaba y trabajo sea algo que, por carecer de todo espacio de descanso, me haga daño.

La Shipaton

2025. Tenía un trabajo, así que la angustia económica era un poquito menor. También tenía novia. A veces, pues terminabamos y volviamos. Pero lo que importa contar ocurrió cuando se anunció la Shipaton 2025: una hackathon internacional de desarrollo de aplicaciones móviles, con más de $355.000 dólares en premios en efectivo en distintas categorías. Me enteré de la convocatoria scrolleando en X, viendo el video en el que Charlie Chapman, developer advocate en RevenueCat, la anunciaba. Afortunadamente había decidido seguir a los de RevenueCat en X tras entender que eran la única opción con la que poder ofrecer pagos móviles en Gurwi. Si no hubiera tenido un algoritmo pulido en esa red social que me actualizara y conectara con lo que estaba pasando en otro lado del mundo, nunca en primer lugar habría participado ni habría obtenido la oportunidad que obtuve.

Cuando vi la publicación sentí que podía ser la gran oportunidad que estábamos buscando, pero a la vez que no, porque Gurwi no estaba aún listo. Teníamos bien planificado lanzar la aplicación el otro año, y seguir en la pobreza en lo que quedara de 2025. Afortunadamente tomé, y tomamos, la decisión de correr para tener listo Gurwi para la Shipaton.

Aquí hay que entender que en esos entonces Gurwi eran dos softwares: Gurwi Educators, con el cual creábamos las clases a través de un editor grandísimo y complejísimo que nos permitía editar el contenido, y Gurwi Students (o simplemente Gurwi), que es la app que todos conocen. Después de la Shipaton, Gurwi Educators sería simplemente Gurwi web y reconstruiríamos completamente ese editor, pero esas son complejidades técnicas que ahora no competen.

El punto es que corrimos. Lo dimos todo. Yo, que soy el hombre orquesta que no solo programa, sino que pone la estrategia, se graba, edita, habla con la gente y más, lo di demasiado todo, física y sentimentalmente: mi mundo se volvió RevenueCat y la Shipaton.

Creé un nuevo X en inglés, que es la red social que los de RevenueCat más usan, para documentar mi camino. Grabé un primer video presentándome para participar en el que etiqueté a los jurados y obtuve atención de algunas personas que trabajan en RC, lo cual me motivó. Repetí esa estrategia, contar mi historia en videos bien editados y de calidad y etiquetar a los jurados, al menos dos veces más. El inglés era un reto. Aún tengo pronunciación de inglés urumitero, pero someterme a esa necesidad de grabarme en ese idioma me forjó a mejorar.

Pedir ayuda

Pero la verdadera tracción vino del público en español, para el cual ya venía creando contenido y contándole mi historia. Yo sabía que solo no podía hacerlo, así que tuve que hacer algo que a mí siempre me ha costado muchísimo hacer, que es pedir ayuda.

Iba por el premio mayor: el Grand Prize Build and Grow, que otorgaba $65.000 dólares, y tenía que hacer todo lo que estuviera en mis manos. Es así como contacté a colegas creadores de contenido. Es decir, gente más exitosa que yo en redes sociales, a las que les gustaba lo que yo hago, y a las que a mí me gustaba lo que ellos hacen. Con algunos de ellos ya me había hablado alguna vez, menos o más, pero no es como si hubiera una conexión profunda por la cual pedirles descaradamente que me grabaran un video promocionando mi app para que yo me ganara esos $65.000 dólares.

Pero sucedió: me tragué mi ego, el miedo al rechazo, y casi todos accedieron a ayudarme. De todas las personas a las que les escribí pidiendo ayuda con la difusión de la app, solo una no contestó, a otra se le dificultó hacer el video y otra más simplemente no tuvo interés: la tasa de éxito fue muchísimo más alta. Rafael Solano, cuyos videos sumaron más de 300.000 visualizaciones, Yamid López, que sumó 200.000 visualizaciones en Instagram y otras 100.000 en TikTok, Lali Fernando Riasco, con más de 100.000, Don Eilat, con más de 200.000 en Facebook, e incluso personas que crean contenido de humor, entre las que están Armando Muñoz (conocido por su personaje del Profe) y Juan Camilo, del Mundo de Juancho, a quien mejor le fue de todos con 1,2 millones de visualizaciones solo en Facebook y otras 350.000 en TikTok.

Sus videos, junto a mi pitch definitivo sobre Gurwi, que en TikTok superó las 2 millones de visualizaciones, sumaron más de cuatro millones de visualizaciones.

Ganamos

Entonces vino el 3 de octubre: me escribe Charlie Chapman y me dice que hemos ganado la Shipaton en el primer lugar de la categoría Build in Public. Me escribe con antelación, porque el premio incluía viajar a Nueva York a la ceremonia de premiación el 14 de octubre, pero alguien como yo, ¿qué visa iba a tener?

El mensaje en el que Charlie Chapman me anuncia que Gurwi ganó la Shipaton
Charlie Chapman: hemos ganado la Shipaton

Ahí empieza la travesía de sacarla en tiempo récord, y con ella la otra: la visa. Nadie tenía idea de si yo podía viajar. Ni yo, ni Charlie Chapman, ni el equipo de RevenueCat en Estados Unidos, porque para todos era un misterio cómo funcionaba el asunto en Colombia. En esos días había publicado en Instagram una historia con una duda y una queja que no tenía que ver con la visa, sino con constituir una empresa en Estados Unidos como no residente. Un pelado llamado Benjamín Merino, que a sí mismo se define como gay y autista, me la contestó, y en esa conversación me di cuenta de que también sabía muchísimo de visas e inmigración, así que le pedí que nos reuniéramos a ver qué se podía hacer con mi caso. Resultó ser un experto a pesar de sus 21 años, y se dedica a estos asuntos en migraciones.co. Me asesoró: el proceso era doble, primero llenar el formulario y después conseguir la cita. Y la cita es donde la gente se queda meses, más de un año, recargando la página como si fuera a salir oro de ahí. Nosotros la recargamos todo el día, hasta que por fin apareció una, para el jueves.

El día de la cita me esperaba una cola larguísima, de horas. Uno se lleva toda la mañana en eso, y antes de ir se pasa viendo un montón de videos sobre qué tiene que decir y cómo tiene que comportarse, como si eso fuera a servir de algo. Cuando al fin me tocó, me alegré al ver al cónsul: era negro, y pensé que iba a empatizar conmigo fácilmente. Se la pasó absolutamente serio durante toda la entrevista. Los primeros tres minutos no me dijo nada más que si hablaba inglés, mientras revisaba la carta que le había pedido a los de RevenueCat y no sé cuántas cosas en internet. Y ahí sí comenzó a entrevistarme en inglés. No recuerdo todas las preguntas, pero una era cuánto ganaba. Y mientras más pasaba el tiempo, más pensaba que iba peor, que no me la iban a dar. Se levantó y se fue un par de minutos, y cuando volvió me dijo, todo en inglés: congratulations, su visa ha sido aprobada. Le pregunté, señor cónsul, este viaje es el martes, ¿cree que se pueda hacer algo para que el pasaporte con la visa llegue más rápido? Porque uno entrega el pasaporte en la entrevista, y lo que espera es que se lo devuelvan con la visa estampada. Y me contestó tajante: the visa process is the visa process. Le dije ok, thank you. Y aun así me la pasé con la esperanza de alcanzar, sin cita de recogida, yendo a la oficina donde entregan los pasaportes a ver si tenía suerte y qué se podía hacer. Y uno nunca sabe qué le van a dar cuando le aprueban la visa, si tres meses, si una sola entrada, si un número limitado de veces. Me la dieron por diez años, ilimitada, B1 y B2, cuando yo había pedido solo la de negocios, creo, porque a veces te promueven la visa y te ponen una mejor. Pero yo tenía que salir a más tardar el martes y la visa no alcanzaba a estar lista: el lunes era festivo en Colombia y la embajada no trabaja. No llegó a tiempo. La ceremonia de premiación fue el 14 de octubre y la vi desde acá.

La Shipaton de RevenueCat puso la app en el Times Square de Nueva York un par de días y nos dio $15.000 dólares en efectivo, el capital inicial que siempre deseamos tener y que nuestro país nos había negado.

Gurwi en una pantalla de Times Square, Nueva York
Gurwi en Times Square, octubre de 2025

Después de ganar publiqué un video anunciando la victoria, y fue gracias a ese video que la periodista de la W Brenda Barbosa, que lo encontró en Instagram, le pasó mi caso a Julio Sánchez Cristo. Ella no me seguía ni yo la conocía de absolutamente nada: simplemente se encontró el video mientras navegaba en redes sociales. Julio, con eso, se animó y me escribió por WhatsApp a hacerme un par de preguntas. Luego publicó el video hablando del proyecto, el cual superó las 800.000 visualizaciones.

Con todo este impacto Gurwi logró más de $19.000 dólares en ventas en 2025 y más de 1.300 reseñas con una calificación promedio de 4.8 estrellas, pese a ser aún un proyecto en promesas, que solo tenía 5 clases y mucho, pero muchísimo por hacer. Y como lo sabía perfectamente, no pude disfrutar la victoria, más allá del alivio profundo y enorme de no acumular otra derrota más. Aunque hay que aclarar que esa cifra es lo que pagaron los usuarios y no lo que nos entró al bolsillo, porque de cada venta las tiendas de aplicaciones se quedan con su comisión, que en nuestro caso es del 15%.

Gráfica de los ingresos mensuales de Gurwi durante 2025, plana casi todo el año y con un pico en noviembre
Los ingresos de Gurwi en 2025, mes a mes: 12.322 dólares entraron solo en noviembre

Constituimos una LLC en Estados Unidos que hoy se llama Gurwi LLC. Y en el tiempo transcurrido hasta acá logramos, por fin, el sueño que nos hicimos alguna vez: que Gurwi creara clases y cursos con un solo prompt. Porque eso era lo que en realidad queríamos crear, y con el éxito llegó mucha responsabilidad, después de tres grandes fracasos en los que pensé que iba a cambiar las cosas y no las cambié. Teníamos muchísimos cuellos de botella, empezando por la generación de imágenes, y para superarlos tuvimos que cambiar todo el formato de Gurwi y todo el editor que habíamos construido, hasta lograr lo que ya logramos. Eso es lo que hoy nos permite apostarle a una educación hiperpersonalizada, en la que la gente aprende a partir de lo que le interesa, sea el tema más raro del mundo, sea la perspectiva desde la que mejor pueda entenderlo.

Como esto era agéntico, probamos con muchísimos frameworks de desarrollo de agentes. Y una de las inspiraciones más grandes llegó de donde menos la esperaba: ver a mi novia registrar sus ingresos y gastos en WhatsApp para después descargar el CSV y pasárselo a ChatGPT. Ver lo que pretendía hacer me puso a imaginar todo lo que los agentes podían ofrecer de verdad, y le dije que no necesitaba hacer todo eso, que yo le podía hacer una aplicación. Al final eso eran los agentes, y creí que podía crearla en un mes. No me demoró un mes: fueron casi nueve meses hasta poder lanzar Clatri, el agente para controlar el dinero, la salud y la vida, las tres cosas que a la gente como yo siempre se le han escapado, y publicar su primer video de marketing a finales de julio de 2026.

Ya terminé lo más complejo técnicamente, aunque no todo, porque el software nunca está acabado: siempre itera y mejora. Eso me permite concentrarme sobre todo en la distribución de Clatri, que en estos momentos tiene la mejor perspectiva B2C. Gurwi, en cambio, requiere mayor inversión: tenemos que aumentar su catálogo de clases y seguir estrategias como las custom product pages sobre temas específicos, para que cuando alguien busque sobre aprender historia, por ejemplo, encuentre a Gurwi. Pero además hay un gran interés en Gurwi como B2B, porque nuestra tecnología puede ayudar a las empresas a crear y publicar su propio contenido educativo, como expliqué en este post de LinkedIn.

Aún las cosas siguen siendo difíciles, pero mucho más afortunadas que antes. Y aún no he conseguido ni la mitad de la mitad de lo que voy a conseguir, porque no quiero ser otra promesa más que se quedó en promesa.

Intento crear empresa porque es la forma que tengo de reclamar la tierra con la que no nací, de tener algo en un mundo que a las personas como yo se lo niega todo. Convertirme en un caso de éxito es desafiar las estructuras sociales y económicas que, en un país y una región de baja y a veces ninguna movilidad social, nos condenan a morir como nacimos.

Sigo construyendo Gurwi y Clatri.